En un arranque
de curiosidad profunda entro en tu mirada y descifro esas pupilas que tanto me
observan desde que nos conocimos. Quiero saber al dedillo tu pasado con la
perfección con que mapeo tu presente y saboreo nuestro futuro. Eres para mí la
razón de cada mañana, el ayuno de tantos años consolado, la segunda mitad del
tiempo que me queda en esta dimensión, el allegro de esta sinfonía que
tanto se parecía a un réquiem.
No me
importa si la gente murmura –pobre, está enamorada, murió enamorada.
En realidad
no me importa nada. Me encanta compartir contigo, soñar juntos y lo mejor,
crear nuestra propia y privada realidad en la cama infinita de un resort o en
la humilde, pero cálida, paja de un granero. O aquí, en medio de tanta tensión
por la huida final y salvaje.
Contigo no
hay secretos ni vergüenzas. Los límites se han difuminado como el grafito sobre
el papel. Ser libre es de dos, ya no me cabe duda. En cada acorde de nuestra
canción perdurará ese anhelo de pasar a la historia de cada uno, trascender se
llama como tú. Somos como una coalición
de autos a toda velocidad, metal retorcido entre miles de brillantes pedazos de
cristal roto armoniosamente consecuentes con la sangre aún calda de los
pasajeros, eso es nuestra unión para este mundo. Le pesa tanto, le duele tanto,
lamenta… un poco más. ¿Cómo pude pasar tantas horas sin conocerte? ¿Cómo pude…?
Pero ahora puedo llenarme contigo. ¡Gracias por caminar la milla conmigo de
aquí y hasta siempre! Que alguien se atreva a detenernos, que alguien se
atreva… Dios los ayude y el aroma a pólvora nunca abandone sus cadáveres. Ahora
¿bailamos?
La policía
arenga nuestra salida. Nos tienen rodeados y presumen que no tenemos ninguna
posibilidad. Nos quieren esposados y vivos para poder humillarnos en sus
tribunales de miseria, pero tú y yo tenemos otros planes. Me tomas de la mano.
Yo aprieto la empuñadura de mi revolver con la mano que me queda libre.
Entonces, tú cargas cartucho y yo aprieto los dientes. Ya estamos bailando…

Comentarios
Publicar un comentario