En un arranque de curiosidad profunda entro en tu mirada y descifro esas pupilas que tanto me observan desde que nos conocimos. Quiero saber al dedillo tu pasado con la perfección con que mapeo tu presente y saboreo nuestro futuro. Eres para mí la razón de cada mañana, el ayuno de tantos años consolado, la segunda mitad del tiempo que me queda en esta dimensión, el allegro de esta sinfonía que tanto se parecía a un réquiem. No me importa si la gente murmura –pobre, está enamorada, murió enamorada. En realidad no me importa nada. Me encanta compartir contigo, soñar juntos y lo mejor, crear nuestra propia y privada realidad en la cama infinita de un resort o en la humilde, pero cálida, paja de un granero. O aquí, en medio de tanta tensión por la huida final y salvaje. Contigo no hay secretos ni vergüenzas. Los límites se han difuminado como el grafito sobre el papel. Ser libre es de dos, ya no me cabe duda. En cada acorde de nuestra canción perdurará ese anhelo de pasar a la...