S-10,
cinco mil millones de años en el futuro.
―¿Sabe?,
no viene por aquí mucha gente como usted― dijo el hábil conductor de la nave,
un hombre de edad madura y poco cabello que sabía muy bien su oficio pues
conducía dócilmente aquel transporte entre la tenue atmosfera de S-10; sin
embargo, al no obtener respuesta de su pasajero, frunció el
ceño e hizo un gruñido para llamar su atención. Solo entonces, el pasajero notó
que el conductor de la nave había intentado establecer una conversación.
―¿Cómo
dice? ―contestó el extraño pasajero que dejó de contemplar, por el cristal de
la ventanilla, los primeros rasgos del agreste planeta S-10.
―Que
aquí en S-10 no vienen muchos arqueólogos estelares― contestó el piloto más
concentrado en las lecturas de altitud y velocidad del complicado tablero de
instrumentos de la nave.
―Bueno
―contestó el extraño pasajero, interesándose por la plática que le ofrecía el
piloto―, si encontraron lo que yo creo que encontraron, la razón del por qué
estoy aquí es bastante justificada.
S-10
era un insignificante planeta del sector 22, no tenía población permanente en
ese entonces pues aún se trabajaba en el proceso de hacerlo habitable. Mientras
tanto, y para que la inversión fuese redituable, se extraía Elemento 3-0N542
líquido que se vendía a otras galaxias a muy alto precio, pues era un componente
fundamental para la conversión de la materia oscura en energía, y por lo mismo
era también extremadamente útil para desarrollar atmósferas en planetas inertes
como S-10. En el caso de S-10 esta atmósfera estaba formada por helio, por lo
que desde el espacio el planeta parecía lo que había sido antes de la llegada
de los humanos: una simple roca cuya monotonía de paisaje solo era
interrumpida por los mares incipientes de Elemento 3-0N542.
El
pasajero tuvo una impresión triste de S-10 y comprendió entonces que el objeto
que había sido encomendado a estudiar había ingresado a ese planeta desde el
espacio exterior sin desintegrarse, y al llegar al suelo no se había destruido
pues había descendido en una extensión de mar de Elemento 3-0N542; lo cual era
similar a hacerlo sobre un colchón relleno de plumas.
―Prepárese,
en unos momentos estaremos en el puerto y créame, a los humanos no se les
recibe con gusto ―dijo el piloto a su pasajero. Y decía verdad.
S-10
estaba habitado mayoritariamente por híbridos, seres creados genéticamente en
laboratorio por los homosapiens quienes cometieron el error de darles la
capacidad del libre albedrío y de reproducción. Después de milenios al servicio
del ser humano, los híbridos se habían sublevado y se desató una guerra interestelar
que desencadenó un nuevo orden con planetas para humanos y planteas para
híbridos. En estos últimos las carencias eran notables pues los híbridos eran
mucho menos capaces de crear de lo que lo eran los humanos; carecían de tecnología
suficiente y, por lo tanto, para conseguir recursos y oportunidades se ponían
al servicio de los humanos ahora por voluntad propia. Por eso muchos de los
híbridos habían perdido su libertad de nueva cuenta y lo que habían ganado a
través de las armas lo habían perdido para poder sobrevivir. Las tareas para
las que los humanos contrataban a los híbridos eran las más denigrantes y
peligrosas, y entre esas tareas estaba la extracción del Elemento 3-0N542 y la
colonización de planteas nuevos.
La
guerra había terminado hacía mucho, pero los humanos aun desconfiaban bastante de los híbridos y estos últimos todavía odiaban bastante a los humanos.
Afortunadamente, el pasajero era un invitado y había sido
enviado por la Confederación y con permiso especial de la compañía Compton que se encargaba de la administración de
S-10; todo para estudiar los restos del artefacto caído
hacía pocos días.
Al
llegar al puerto, el pasajero fue recibido por un militar de la Federación,
híbrido él, que lo llevó a un recorrido a través del
planeta hasta llegar al cañón denominado B-581 donde estaba la base de la
brigada de la compañía de construcción de atmósferas Compton Corporación
Atmósferas.
El
pasajero no se incomodó al no ser recibido como lo exigía
el protocolo de la Federación pues se sentía muy a gusto sin obedecer las reglas que él mismo pensaba eran inútiles y
que ampliaban las diferencias entre ambas "especies". Aun así, estaba
informado de que trabajaría en conjunto con los científicos e ingenieros de la compañía, todos ellos humanos pues nunca
un híbrido podría aspirar a ser científico o técnico.
El
militar le ayudó a bajar el equipo de investigación al extraño pasajero y ante
un paisaje lleno de arena, que uno de los dos soles del sistema de S-1 0
calentaba y hacía el ambiente insoportablemente caluroso, le presentó a los caballeros que habían estado esperándolo.
―Él es
el ingeniero en jefe de la compañía, el profesor Jen ―dijo el suboficial―.
Profesor Jen, este es el experto que ha mandado la Federación. Su
nombre según el expediente es...
―Gracias
oficial...― dijo el profesor Jen, un hombre de avanzada edad, pero que parecía estar en excelente estado de salud y, cosa curiosa, mientras el suboficial
y el extraño pasajero sudaban demasiado, el profesor Jen estaba
como si nada y se mostraba bastante a gusto.
―Ahora
― continuó el profesor ―puede usted retirarse, comenzaremos a hablar de cosas
científicas y es muy posible que lo aburramos.
El militar saludó militarmente a los dos caballeros y ordenó a dos híbridos a
que llevasen el equipaje del extraño pasajero adentro
de un edificio móvil sin ventanas (de todas formas en la soledad del desierto
de S-10 no había mucho que ver y por lo tanto las ventanas eran totalmente
inútiles).
―Es un
gusto, profesor Jen, mi nombre es...
―Por
favor, no hace falta. He leído gran parte de sus obras y soy un admirador suyo.
Su trabajo es exquisito en muchos aspectos, aunque algunos lo critiquen de
entrar en los terrenos de la ciencia ficción. Pase por aquí, por favor ―indicó
el profesor Jen al mismo tiempo que señalaba el camino al extraño pasajero.
―Está
bien, profesor. Le agradezco su hospitalidad ―contestó el pasajero mientras
caminaban ya dentro del edificio a través de un largo pasillo iluminado con
lámparas de Xenón que le daban al lugar el aspecto iluminado de cualquier nave
espacial. Llegaron hasta una galería grande con techo abovedado y alto que
permitía el paso de la luz. Jen ofreció asiento al pasajero y le dijo:
―Señor,
detrás de esa puerta que ve usted ahí, está lo que creo yo es uno de los hallazgos
más impresionantes que jamás he visto. Es una nave cuya construcción es
rudimentaria, pero aun así nos demuestra qué bien hacían las cosas en el
pasado, no como ahora que una nave no puede andar más de veinte mil trillones
de "parceles" sin descomponerse. Debo decir que literalmente nos cayó
del cielo y un trabajador de la compañía lo encontró poco después de ver como
caía. Para nuestra fortuna el aparato cayó en un mar de Elemento 3-0N542 y no
se fue al fondo debido a su poca densidad y peso. El trabajador lo rescató pues
esperaba que fuese un meteorito, ya sabe, él creyó que quizás podía contener
algún material valioso. El pobre trabajador hoy está paranoico, es un híbrido y
su poco cerebro apenas le permite salir del choque emocional que le provocó el
funcionamiento de la máquina que le mostraré en un momento. Sin embargo, el
híbrido ha dicho que la nave de repente comenzó a emitir sonidos. Él describió
los sonidos como raros y hermosos. No puedo creer que su capacidad mental
alcance para tanto, pero en fin, él dice que fueron hermosos. Lo encontraron
casi loco y se trajo la nave hasta aquí. Y esperamos que usted nos diga qué es.
El pasajero
había escuchado atentamente al profesor Jen y estaba ansioso por ver el artefacto. Jen accionó un pequeño botón que había en su silla y
la puerta comenzó a abrirse lentamente y en forma
vertical de abajo hacia arriba, dejando entrar un espectro de luz blanca que
cegó los ojos a los dos científicos por un breve instante. Poco a poco el
resplandor se fue difuminado y dejó entrever la silueta
irregular de aquel objeto misterioso. El pasajero se levantó
de inmediato y se acercó hasta el aparato. Cruzó la habitación en donde dos asistentes del profesor Jen trabajaban en el
análisis de datos sobre el artefacto que era básicamente un caja con un gran
plato en la parte superior y una serie de antenas primitivas. El pasajero no
resistió la tentación de tocar aquello y lo sintió frío como el hielo. Sacudió
entonces una pequeña parte del polvo interestelar que lo cubría y observó la
pintura que todavía parecía nueva; de hecho toda la estructura daba la
impresión de haber sido terminada ayer. También notó que un costado del
artefacto había sido afectado por el fuego, pero el daño no era grave, o por lo
menos eso parecía.
―Si es...
―murmuraba el pasajero mientras Jen lo miraba fijamente para no perder ningún
gesto de su reacción.
―Si es,
¿es la Pionero, usted qué cree?
―No,
profesor Jen, es la... es la Arcadia.
Caballeros, están ustedes ante un millón de ciclos de
historia. ¿De qué está hecho? ―preguntó el pasajero a uno de los asistentes.
―Es muy
básico, no es una aleación compleja, señor ―aclaró el asistente.
―Hemos
detectado un setenta por cien de aluminio puro y lo
demás son elementos en bruto y derivados sencillos de hidrocarburos ―completó Jen.
―¿De
veras? Interesante― dijo el pasajero que comenzó a dar vueltas alrededor del
artefacto al tiempo que analizaba cada detalle. ―Aquí está su gran plato que
debe ser una antena de largo alcance y este es un sensor solar. Aquí está lo
que parece ser su escudo de luz de referencia estelar. El generador
termoeléctrico ya no está, tampoco el magnetómetro, debe haberse perdido cuando
pasó cerca de un anillo de hielo o en la misma caída en S-10.
―¿Corrobora
usted que entonces que lo que cayó en S-10 es una sonda antigua? ―preguntó Jen.
―No
solo es una sonda, Jen. Es la Arcadia ¿ve usted ésta escritura? Todo es tal y como lo dicen las crónicas antiguas. ¡Es increíble que haya caído
aquí! ¿Tiene idea de las posibilidades estadísticas de que esto haya pasado?
¡Es un número con una gran cantidad de ceros en contra!
―Curioso
―dijo Jen ―, pensaba que era solo una leyenda.
―Profesor
Jen, estoy seguro que esto fue terrestre. Estuvo alguna vez en
la Tierra.
―Está
siendo aventurado. ¿Usted está dando por hecho que la Tierra existió? ¿¡Un planeta autosuficiente donde todas las condiciones eran benignas!?
¡Tonterías!
―Profesor
Jen, la Tierra existió, esta es la prueba; ha dejado de ser un mito. ¿Observa usted esta placa? Es un mapa de su ubicación.
En la
placa también estaba la representación gráfica de un hombre y una mujer y pensó: vaya, que distintos son ahora. Leyó después la explicación
del mapa y el nombre mitológico de la Vía Láctea. Los planteas y la nave al
salir de la Tierra se ilustraba más abajo. Era por demás increíble.
Posteriormente,
intentaron reactivar el mecanismo que había hecho funcionar el audiovisual,
pero jamás lo lograron. El trabajador híbrido de la Compton Corporación
Atmósferas pasó a ser la única referencia y se convirtió en un objeto de
investigación, y al mismo tiempo en una celebridad interestelar.
S10,
Un mes antes de cinco mil millones de años en el futuro.
El
clima de S-10 era extremoso y el calor del día quemaba las curtidas espaldas de
los humanos híbridos mientras que por la noche el frío
hacía que las rocas se quebraran. S-10 en un tiempo no muy lejano sería un agradable lugar para ser habitado por humanos
(la palabra agradable es solo un decir, en realidad lo
máximo que se podía hacer con él, y con todos los demás
planetas de su tipo, era hacerlo soportable).
Grundriss
era un trabajador híbrido de la Compton Corporación Atmósferas, de la división de creadores, un obrero encargado de sembrar, en compartimientos especiales, algas productoras de oxígeno. De vez en
cuando le encargaban un sitio en la planta hídrica
que transformaba lentamente, y a base de procesos complicados,
toda una serie de elementos para obtener agua.
La
instalación de paneles de gravedad era un trabajo duro y
agotador pues se tenía que caminar a lo largo del planeta
elegido durante semanas o meses para encontrar la posición adecuada que marcaran los satélites. Cuando se determinaba un sitio como
adecuado se instalaban enormes máquinas que evitaban que la
tenue atmósfera se escapara del planeta.
La
única paga que Grundriss recibía era una ración de comida insípida y podrida.
Su sueldo él jamás lo veía aunque sabía que su
familia lo cobraba en su planeta natal; esto si es que no habían muerto ya en alguno de los constantes conflictos armados que
había en su planeta. Aun así, Grundriss estaba satisfecho; esto era
comprensible: los híbridos no podían tener grandes
aspiraciones y eran felices con poco. Los híbridos tenían una fuerza física
superior a la de los humanos, pero estaban privados de dejar huella en el universo.
La
Compton Corporación Atmósferas poco se ocupaba de sus híbridos en cuya
explotación se basaba toda su fortuna. Era más fácil
suplantar al que muriera pues siempre había quien hiciera el trabajo. En las larguísimas jomadas de años de esfuerzo para
hacer crecer la densidad de la atmósfera de S-10, se
recorría el planeta entero a pie, los miles de híbridos que trabajaban en aquel lugar del infierno estaban divididos en
brigadas, cada una de las cuales tenía cientos de ellos. Todos los híbridos
tenían que dormir a la intemperie y en cada brigada había tres o cuatro
encargados humanos que supervisaban el trabajo.
La brigada de Grundriss tenía tres supervisores humanos,
ingenieros todos ellos, que pasaban la noche en cómodos vagones a manera de
casas con calefacción.
¿Por
qué soportaban los híbridos todo ese mal trato? ¿Qué
ganaban? Eso se preguntaban ellos mismos y se respondían: Porque no queda nada más. Ya antes habían perdido una guerra
galáctica que se extendió por todos los planteas habitados,
pero la rebelión fue aplastada de un tajo y la masacre fue vasta: millones de
híbridos murieron en la guerra, pero igual morían
más en las arduas jornadas laborales.
Grundriss
trabajaba en su brigada y cierto día se despertó muy cansado. Seguramente ya
estaba enfermo y pronto moriría. Todas las noches ansiaba ya no despertar más y
que todo acabara para él. Y esa mañana se levantó un tanto contento pues como
sentía su cuerpo sabía que no duraría hasta el siguiente día, lo malo era que
su agonía la pasaría trabajando. El sueño de todo híbrido era hallar U-534, un
componente aditivo básico pero escaso que servía para aumentar la potencia en
las naves espaciales y que era común encontrar en meteoros y asteroides de
ciertos sistemas. De hallar una muestra de ese material, los humanos les
premiaban con la jubilación, es decir, la libertad. Pero nadie sabía de nadie
que hubiera encontrado U-534. Muchas veces Grundriss había soñado también con
la suerte de encontrar ese compuesto y pasaba las noches en vigilia mientras
esperaba ver caer algo del cielo. Pero esa noche, después de la dura jornada, Grundriss
pensó en que esa oscuridad era perfecta para morir. Se recostó al lado de sus
cientos de camaradas que ya estaban dormidos y de pronto vio que del cielo una
estrella caía. La poca densidad de la atmósfera de S-10 no fue obstáculo para
el meteoro que pasó a gran velocidad justo por encima de la brigada haciendo
volar las frazadas de los híbridos y volcando los aposentos de sus jefes
humanos.
La orden de
los todavía confundidos ingenieros humanos fue inmediata:
―¡Levantarse y encontrar el meteoro, doble
ración de comida a quien lo encuentre!
No importaba
si no se quería la comida, se tenía que salir a buscarlo de todas formas. Dicho
cuerpo caído del cielo podría contener U-534 en su interior y si era así, la
avaricia destruiría esa expedición.
Como todos, Grundriss
inicio la búsqueda, cruzó un risco y luego otro más y otro... y otro más. Se
encontraba cansado y solo. Pensó: si muero de cansancio, igual será morir.
Siguió su camino sin derrotero y al fin llegó a un lago pequeño y somero, no
podía considerarle un mar de Elemento 3-0N542, pero era seguro que estaba
compuesto de eso último. El lago tenía una coloración azul turquesa que
contrastaba con la soledad marrón de S-10. En el lago flotaba algo. Grundriss
pensó que aquello no podía ser el meteoro pues a pesar de la gran densidad del
Elemento 3-0N542 el meteoro se hubiese ido al fondo. De todas formas, Grundriss
entró al lago y se acercó hasta aquella cosa. Se sorprendió al ver que era una
máquina muy distinta a lo que había visto hasta entonces. El Elemento 3-0N542
le llegaba a los hombros y decidió llevar aquella cosa a la orilla.
Eso era un
gran plato con aparatos complicados y sin duda había caído del espació pues su
superficie estaba caliente. Ya en la orilla, Grundriss vio que el plato estaba
unido a una caja. Con cautela tocó la caja y en ese instante un haz de luz
láser holográfico rodeó a Grundriss. Este retrocedió unos pasos y luego el
aparato comenzó a proyectar un cúmulo de imágenes acompañadas de sonidos.
Impresionado e impávido, Grundriss, vio y escuchó lo siguiente:
Valles,
lagunas, ríos, mares, cielos y paisajes; los más hermosos jamás vistos. Todos
los colores eran impactantes y magnánimos, como salidos de un sueño con
multitud de formas y todos llenos de vida. De fondo se escuchaba a Bach, “Cuarto
Concierto de Brandemburgo”. Entonces, la trama de las imágenes cambió y
desfilaron ante la vista de Grundriss antílopes veloces, aves que elevaban el
vuelo, felinos con enormes fauces y diseños fantásticos en sus pieles, peces
que en su estampa reflejaban paz, cuadrúpedos, bípedos, unicelulares,
pluricelulares, incontables criaturas que Grundriss ni ningún hombre de
entonces se hubiese imaginado en sus fantasías más atrevidas. En eso, la más
grandiosa música cambió por otra distinta no menos espectacular ni menos
armónica para los oídos de un ser que solo había escuchado el ritmo de los
motores de las naves espaciales y los metales en ebullición de las calderas de
las plantas en los que había trabajado. Un repertorio de cantos de aves y
pájaros llenó la raquítica atmósfera de S-10 para hacerla por un instante viva;
para darle ánima aunque fuese solo por un momento.
Nuevamente
el tema de las imágenes cambió y Grundriss vio ciudades y comunidades de
humanos desde lo alto, máquinas que para él eran rusticas pero fabulosas,
estéticas y dignas de una mente prodigiosa, éstas echaban fuego y humo y hacían
sonidos ya más familiares para Grundriss. En esta fase la música cambió de
muchos modos, del blues al barroco y de la oriental al rock'n roll. La estrella
más grande del sistema de S-10 estaba en su ocaso mientras Grundriss, de pie,
solo miraba atento el espectáculo, función privada y única para un solo ser en
todo el universo. Entonces ante él comenzaron a aparecer dos siluetas y poco a
poco Grundriss se vio como ante un espejo y se reflejó e identificó con los dos
seres creados por el holograma. Eran un hombre y una mujer desnudos, la primera
mujer que Grundriss veía desnuda ante sí. Se enamoró por primera vez de ese
rostro amigable. Intentó tocarla creyendo que era real y así su mano la
traspaso y tuvo que conformarse con delinear con la palma de su mano la silueta
de ella. Luego, la imagen dio un salto de nuevo y comenzaron a aparecer rostros
humanos: felices, tristes, llenos de furia, pensativos, algunos reían, otros
eran serios, otros lloraban, en grupo unos cuantos, solos en otros casos.
Jugaban, discutían, reñían, morían y nacían. Niños, mujeres y adultos de todas
las edades y todas las razas y culturas, saludaban a su espectador galáctico
cientos de miles de millones de años después en la posproducción más larga de
toda la historia del universo. Mientras, de fondo, la “Novena sinfonía” de Beethoven
se escuchaba a todo volumen en S-10. Por último, una pequeña niña salió de entre la nada del holograma láser y
pareció mirar a Grundriss como si de verdad lo hiciera. La niña llevaba una
rosa en la mano y se la acercó a Grundriss quien por acto reflejo extendió la
suya y "tocó" la rosa, la máquina despidió entonces una solución que
dejó en el ambiente el aroma más suave, delicioso y placentero de todos los
tiempos en el inerte S-10.
Grundriss
cayó de espaldas mientras la niña le sonreía y le hablaba en un idioma
desconocido. Grundriss rió tanto como nunca antes un híbrido hubiese podido;
incluso como jamás un humano lo hubiese logrado... y fue feliz por primera vez.
Y también lloró por primera vez, ¡pero de alegría!, pues sintió que estaba en
el éxtasis de su existencia; ese que cada ser tiene alguna vez, tan intenso y
humano que ni siquiera se dio cuenta que la máquina había comenzado a prenderse
en fuego.
Mientras
la nave de exploración interplanetaria Arcadia 1, construida y concebida para
estudiar el antiguo Plutón y su compañero Caronte, se quemaba en la débil flama
que permitía el enrarecido oxigeno de S-10, Grundriss era encontrado por toda
la brigada. Algunos híbridos apagaron el fuego y el supervisor humano se acercó
hasta donde Grundriss estaba.
El supervisor
lo miró con expresión severa, pero Grundriss le devolvió una sonrisa sincera,
todavía lloraba de alegría. Al principio el único ser humano "puro"
no entendió el gesto, pero al acercarse a la nave extraña y salvada de ser
destruida por el fuego, infirió que la situación era fuera de lo normal. Ordenó
a cuatro obreros que cargaran aquel plato y lo sacaran completamente del lago.
Después se acercó para mirar más de cerca el artefacto y detrás de él todos se aglomeraban para saber que era la extraña
máquina.
Llegaron los otros
ingenieros y todos se tomaron
su tiempo para revisar aquello. Entre ellos mismos se miraron y se dieron a entender que no entendían nada.
Entonces,
el líder de la brigada pidió que trajeran a Grundriss ante él para interrogarlo. El segundo al mando, fue hasta donde Grundriss
se hallaba todavía tirado en el suelo, le tomó de las
solapas del traje de trabajo y le preguntó qué era
aquello. Con una sonrisa en el rostro Grundriss le contestó
―No lo sé, pero era mágico y bello.
El
segundo volteó a ver a su superior y después volvió a mirar la nave y volvió a preguntar.
―¿Cómo
mágico?
―Sus
luces y sus sonidos... y todo. Otro mundo. Ellos me miraron.
―¿Otro
mundo?, ¡¿de qué diablos hablas?!
―De
colores y sonidos, cosas que hacían esos sonidos y...
―¡¿Y qué
más, mal nacido?!
―Y de
gente como usted y el jefe.
El
segundo retrocedió un paso y volvió a mirar a su superior con gesto de
sorpresa.
Este
último se acercó a su subordinado y con un gesto le hizo entender que se
hiciera a un lado.
―Cuando
digo algo espero que se me obedezca. Te dije que lo trajeras ante mí, yo haría las preguntas ―dijo el líder a su segundo y esté último agacho la
cabeza.
Entonces
el jefe preguntó a Grundriss.
―Gente
como nosotros ¿eh? Colores, luces y mierda y media, pero yo solo quiero saber una cosa: ¿Por qué tienes esa maldita sonrisa en tu rostro? ― y golpeó a Grundriss
en la cara.
Aún en
el suelo, Grundriss continuó como si nadie lo hubiese agredido.
―Fue
una visión. Era como Alfa II, pero mucho mejor porque en Alfa II no hay muchas cosas que ahí aparecieron. Y
su suelo no era rojo como este de S-10 sino negro y firme, no de arena. Y había
muchas de las cosas que usted tiene en su cabaña y que saca a afuera para que
le dé el sol.
―¿La
planta?
―Sí,
esa cosa, pero había muchas. Y gente como usted. Bueno, no como usted porque
ellos eran felices aunque otros estaban si estaban tristes como yo
siempre estoy. Y otros estaban enojados como su segundo siempre está. Pero...
¡encienda usted la máquina!
―¿Como
la encendiste? ―preguntó el líder realmente interesado y hasta emocionado.
―Solo
la toqué.
Como
hubiese deseado Grundriss que todos hubieran visto lo que él había observado
con tanto asombro. Quería compartir su felicidad con los demás, pero la Arcadia
I había quemado los circuitos de la pantalla tridimensional. Millones de años
no habían pasado sin dejar huella. Grundriss fue enviado a prisión y la máquina
fue llevada a la base y todos los de la brigada volvieron al trabajo.
Houston,
Texas. 23 de diciembre del 2034.
―Señoras
y señores. Jefes de estado. Personalidades de las ciencias y del arte. Medios
de comunicación. Los hemos convocado hoy, en este que es el recinto más
representativo de la exploración espacial, para presentar el proyecto
multinacional Arcadia.
Todos
aplaudieron al unísono, incluyendo el hombre que hablaba y que era el famoso
científico, soñador e idealista Lamartine, personaje carismático y atractivo
para los medios a pesar de ser científico, pero eso era obvio si se tomaba en
cuenta que su otra pasión era la de la actuación, le llamaban el Ronald Reagan
de la exploración espacial. En un tiempo había sido actor y había participado
en algunas películas hollywoodenses, pero se había dado cuenta que su pasión
por las matemáticas y la astrofísica era más grande y, a los veinticuatro años,
ingresó a Harvard para convertirse en científico.
Después de haber sido una prometedora estrella juvenil de
los tabloides se había convertido en un excelente estudiante y, no mucho
después, en un brillante académico.
―Quiero
darles las gracias a todos los que participaron en este proyecto ―continuó Lamartine―.
En especial a mi esposa e hija y, sí ya sé que esto no es la entrega del
Oscar... pero por favor permítanme explayarme en esto: Agradezco también a la
NASA, y al gobierno de los Estados Unidos de América por haber creído en mi
sueño, al gran equipo de científicos de todas las nacionalidades que me
ayudaron a resolver las dificultades que nos representaba el romper la frontera
del Sistema Solar. Todos ellos, gente de distintas nacionalidades, repito y
recalco, y especializaciones también, se convirtieron en amigos. También quiero
agradecer a nuestros patrocinadores que ayudaron a financiar este proyecto y
les pido disculpas si no ven su eslogan en la nave pues mis compañeros y yo
concluimos que tal vez no les importaría mucho a los extraterrestres leer “Toma
Coca Cola” en el plato de la antena de largo alcance. ¡Ríanse, es un chiste! Otro agradecimiento especial es para el equipo de arte pues en la nave
decidimos instalar un audiovisual tridimensional que intenta mostrar en un
tiempo muy breve todo lo que somos como humanidad. Fue muy difícil, pues algo
como eso requería horas y horas de filmación, pero también tuvimos piedad de
nuestro interlocutor espacial y pensamos: ¿Qué tal si no le gusta la película?
¿Pasará diez horas viéndola?... Ese fue otro chiste, ustedes me conocen, pero
ya en serio, muchas gracias a ti Bob, el director del audiovisual, y a todo tu
equipo pues hicieron un trabajo estupendo y después de que lo vi solo pude
llorar de alegría. En serio, en un momento se los proyectaremos y pensarán en
cuan afortunados son de vivir en la Tierra. Además, mi hija, Karolina,
participó en la cinta, que por cierto se filmó en todo el mundo y tiene
imágenes de todas las maravillas que tiene este planeta. Sí, mi hija es la niña
que sale al final que, se los aseguro, ¡es espectacular! Hay que decir que no
solo hay imágenes, también sonidos, pero bueno, prometí a Bob no adelantarles
mucho.
También
va una especial felicitación a mis cartógrafos estelares que de manera gráfica
construyeron una placa en donde damos nuestra dirección. No es fácil hacer un
mapa del universo, así que muchas felicidades a todos ustedes muchachos. Hay una
cosa que quiero decirles y de la cual me siento muy orgulloso: todos los países
del mundo participaron en este proyecto, algunos aportaron a sus mejores
científicos, otros sus instalaciones, otros sus tecnologías y otros sus
paisajes. Realmente mil gracias a toda la humanidad, a su historia y a todo lo
que somos, lo bueno y lo malo, todo está ahí, no es solamente un mensaje en
donde le damos a los demás una visión sesgada de lo que somos. No, créanme, hoy
puedo decir orgullosamente que antes que todo, soy terrícola.
Muchas
gracias y señoras y señores, estas son las naves Arcadia I y II que viajaran a los confines de nuestro universo en dos meses. ¡Estudiaran a
los hermanos Plutón y Caronte!
Un
telón se corrió y dejó ver entre un espectáculo de luz y sonido, y como si tratara
del nuevo modelo de la Ferrari, a las sondas espaciales Arcadia I y II. Algunos mandatarios se acercaron a mirarlas de cerca y los fotógrafos
descargaban el flash de sus cámaras sobre ellos y las sondas. Llegó entonces la
hora para la prensa. Lamartine y su equipo se encargarían de responder sus
preguntas.
―Sí,
usted, por favor ―indicó Lamartine a un joven reportero.
―Mathew
Kent, Noticiero BBC de Londres. ¿Ha pensado en la probabilidad que existe de
que las naves no sean jamás encontradas?
―Sí, lo
he pensado, así es y creo que sería una gran pérdida de dinero, pero ¿qué
importa? Si eso sucede yo no estaré ya para que me las cobren. No, ya en serio,
por supuesto que lo hemos pensado, las naves pueden estrellarse contra una
estrella y desintegrarse o ser golpeadas por asteroides y quedar destruidas, o
simple y sencillamente jamás ser encontradas y vagar por toda la eternidad en
el espacio aunque éste tenga una superpoblación de extraterrestres. Podrían
pasar mil cosas, Mathew, pero es como si yo te pregunto ahora ¿Mathew por qué
vas ir de regreso a tu casa después de esto? ¿No has pensado en la posibilidad
de que mueras mientras conduces el camino de regreso? Y por supuesto que sí,
alguna vez lo has pensado, pero no por eso no vas de regreso a tu casa pues prefieres
ver a tu familia. Aquí es la misma cosa, por supuesto que podemos perder, pero si ganamos, Mathew, si una de esas máquinas les dice quiénes somos a
alguien más allá afuera... No sé, pero creo que la
recompensa será mil veces mayor que la probable pérdida.
―Reggina
Falange, de Gente. Doctor, ¿cómo
consiguió que Leticia Flockhart actuara para usted e hiciera un
desnudo?
―¡Cielos,
Regina!, esa es una buena pregunta para Bob pues él la invitó y yo no tuve nada que ver. Pero te platicaré una
cosa curiosa. Leticia es una mujer muy profesional y también
lo es Frances Uwuo, el actor que la acompaña en el corto, pero la pobre jamás había hecho un desnudo y fue cuando le dije que no importaba
pues si alguien la veía así ella ya no estaría aquí. En general a todos traté
de infundirles la idea de que lo que hacíamos era para perdurar por siempre.
Les ofrecí la inmortalidad fuera de cualquiera de nuestras concepciones del
tiempo y el espacio y así fue como ella accedió. Además, tú lo sabes, ella es
una mujer blanca y Uwou es un hombre de color, él es modelo y Leticia es
actriz, y ambos son de las personas más bellas en este plantea; creedme no los
escogimos así por frivolidad. No señor. Desde luego que la belleza es toda una
serie de patrones y modas que a veces tienen poco o ningún fundamento, pero también, y me pase mucho tiempo leyendo a Platón
para comprender esto del todo, la belleza queramos o
no, es absoluta, la belleza no es más que pura matemática y
simetría. Fue por eso que ellos son los primeros en aparecer, porque uno muestra siempre sus mejores cartas al principio. La
primera impresión quería que fuese esa... pero
después en el corto salen personas de todas las razas, edades y complexiones.
Solo quiero que eso no se malinterprete o que la decisión de que Leticia y Uwou
fuesen nuestros primeros exploradores espaciales en bajar de la nave se tome por mera publicidad o frivolidad.
―Andre
Staski, Revista Internacional de Ciencia. Doctor, ¿qué le hace pensar que los extraterrestres si es que los hay...?
―Los
hay, Andre, creo en eso como un hecho de facto.
―Sí,
pero ¿qué le hace pensar que tienen la misma manera de percibir las cosas que
nosotros tenemos? Usted dice que la nave lleva un audiovisual ¿Qué tal si ellos
no son sensibles a la luz o las ondas sonoras? En nuestro propio mundo existen
organismos que no podrían percibir ese audiovisual.
―Bueno,
qué pena porque se perderán gran parte del espectáculo. Ese fue otro chiste...
Mira, también pensamos en eso y más. ¿Qué tal si en otro plantea solo hay
ballenas? Pongo a las ballenas como ejemplo porque tienen un grado de
inteligencia superior al promedio de los animales, incluidos nosotros, pero a
pesar de esa capacidad que tienen no podrían comprender el mensaje. Eso nos
preocupó mucho y es una cosa que puede pasar, pero, aún peor, imaginen que las
sondas llegan a un planeta poblado únicamente por la familia Trump. ¡Qué
horror! Justo cuando todo se planeó para que llegaran a un lugar con vida
inteligente. Las ballenas tendrían más posibilidades que los dos expresidentes,
pero bueno, lo hicimos así porque existe otra posibilidad que yo creo es
todavía más factible que la de la civilización extraterrestre inteligente, y es
que la encontremos nosotros. Así es, píenselo, los seres humanos del futuro podrían
ser la civilización más avanzada de entonces. Para ese momento ya habremos
alcanzado la armonía y los niveles de tolerancia y amor que hoy solo están en
nuestros ideales, y aunque piensen que las sondas se relegarían a una simple
cápsula del tiempo, no importa ¿quién no querría participar en ella?
―Roger
Fernández, Washington Post. ¿Conoce las implicaciones religiosas que el hecho
tiene?, usted le ha dado a este proyecto científico un corte que va más allá y
la iglesia se ha indignado de que usted no incluye nada aquí que hable de Dios.
―Eso es
porque primero pienso que él nunca recogerá esta sonda, porque ¿para qué la
querría? Él sabe todo de nosotros si es que existe, así que nunca hice esto
para que lo recibiera Dios. En segundo lugar, porque creo que la religión es
algo muy personal, es algo privado de cada quien, no podía incluirla aquí
porque esto es un proyecto que nos representa a todos y no solo a una parte. No
todos somos cristianos, ni musulmanes, ni la religión que se te ocurra. Además,
ya no había espacio y sé que si bien hay mucha gente religiosa enfadada por
esto, estoy tranquilo porque sé que a Dios, en el peor de los casos no le
importa y en el mejor de los casos, me apoya. Alguna vez alguien dijo "Te
reto a que encuentres a un beligerante que no crea tener al cielo de su
lado".
Sistema
Solar. Veinte años después de cinco mil millones de años en el futuro.
La
sonda terrícola hoy se puede
ver confinada en una cápsula
que la preserva del tiempo a la vista de toda la población de AX-30, el plantea más importante de humanos. El extraño
pasajero y el doctor Jen estudiaron la sonda por años. Usaron toda su
experiencia y la placa de metal que contenía el mapa de la Tierra, para salir en busca del paraíso perdido. Ahora, su nave
estaba muy cerca del lugar
exacto donde calculaba que
concluiría sus investigaciones y sus esfuerzos. El doctor Jen le acompañaba.
―Estamos
cerca, Doctor Jen. Pronto le encontraremos.
―Así
es. ¿Sabe lo que ha generado este descubrimiento? Se dice que habrá una nueva
revolución estelar. Dicen que los híbridos tienen un líder para ir a la guerra.
Este líder es...
―Si lo
sé. Es él, el que alguna vez nos ayudó: Grundriss. El elegido le dicen. Es
irónico que él sea el único que esconde el sueño de los humanos e híbridos.
―Sí. Dicen
que no tiene el apoyo de la mayoría híbrida pues la mayor parte de ellos le odia.
―Profesa
la igualdad y no el exterminio de los humanos, esa es la razón.
―Y
pretende lograrlo sin violencia. Es un iluso.
―Pues a
nosotros nos ayudó bastante.
―Porque
se le obligó.
―No, en
realidad lo hizo por que quiso. Vi en sus ojos una pasión que jamás había
visto. El orden que ahora impera está por caer si es que él pone la misma
pasión que
le vi cada vez que hablábamos de la Tierra. Me alegra que sea por el camino correcto,
por el de la prudencia.
―Hacía
tanto que no escuchaba yo esa palabra... pero me informan que estamos ya muy
cerca de donde usted nos ha indicado. Es extraño, a veces me pareciera que en
lugar de basarse en el mapa, usted lo hace en una especie de instinto, casi
como recorrer el camino de regreso a casa.
Después
de mucho tiempo de búsqueda y de eliminar varios planteas candidatos, la Tierra
se mostró ante ellos. Los cálculos y la interpretación no podían ser mejores y
no había posibilidades de error. La Vía Láctea ya no lo era, pero la Tierra ahí
estaba, era una pequeñísima roca si se le comparaba con AX-30: fría, estéril,
situada frente a los restos igualmente fríos de lo que alguna vez había sido
una enana blanca, el Sol.
El pasajero
extraño comenzó a llorar, algo que Jan no había visto en mucho tiempo. El
pasajero, en lo más remoto y hondo de su alma esperaba encontrar todavía el
planeta azul de las narraciones y leyendas. Sollozó y dijo en tono irónico.
―Ante
ustedes: el paraíso terrenal. Realmente existió.
―Sin
duda ―dijo Jan―, ha habido un periodo donde la estrella roja llamada Sol se
habría convertido en una gigante y la Tierra se habría convertido en el planeta
más próximo a él. Por tanto toda evidencia de civilización fue borrada. La vida
sobre ella sin embargo se habría extinguido hace muchísimo tiempo, lo bueno fue
que logramos escapar a tiempo. Ya no hay rastro de los planteas interiores,
esos que en la placa dice usted se llamaban Mercurio y Venus. Seguramente
fueron consumidos por el orgulloso Sol de aquel entonces que ahora no puede ni
siquiera reflejar la luz que le llega. Algunos planteas exteriores todavía
están aquí, algunos ya no están completos y son solo asteroides. Es una
historia triste, pero no es para que se ponga así.
La
expedición descendió sobre la Tierra. Jan fue el primer hombre en pisar su
superficie desde que el último ser humano había escapado de su faz. El extraño
pasajero fue el siguiente en bajar y, como homenaje a lo que fue la Tierra,
dejó una placa que decía "Mensaje recibido". La Arcadia I podía decir
por fin, después de cinco mil millones de años: misión cumplida.
De
regreso en la nave el extraño pasajero no dijo palabra alguna. Estuvo todo el
tiempo callado aunque Jan trataba diplomáticamente de animarlo. El extraño
pasajero pensaba que aun a pesar de todo, la Tierra seguía ahí donde él la
había puesto en un comienzo y que tal vez todavía había razones para creer que
los humanos y este universo que él había concebido y creado, tenían todavía algún
caso y había esperanza sin un paraíso terrenal. Esperanza, imagínense ustedes
que todavía lo tienen.

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