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LULA



En algún parque de la urbe de asfalto.
―Entonces tu madre está enferma. Lo siento, no sé qué decirte, pero te falta muy poco para terminar la escuela, no la puedes dejar así. No. Escúchame antes, trabaja medio tiempo y ve al colegio el resto de, y puedes sacar esto adelante. Mira, yo puedo hacer que te den chance ahí donde yo trabajo. Yo sé que no es un trabajo para alguien como tú, pero si has trabajado antes en la herrería de tu papá, entonces no será difícil. Vas a ver que todo saldrá bien. Mira, dame un papel y una pluma... vienes el lunes a esta dirección, a esa hora, con pantalón, no de mezclilla sino uno cómodo con el que te puedas mover. Y compras en cualquier tlapalería metro y medio de franela de algodón. Eso es todo lo que necesitaras. ¡Con eso y un poco de práctica el mundo será tuyo! Exagero, pero en fin, será como en una película. No me lo agradezcas todavía.

En un atestado estacionamiento de la ciudad.
―Martín, ella es Lula, la muchacha de la que te había hablado.
―Lula, le he dicho a Martín que yo me haré responsable por ti por si la cagas. Lo que recibas de tus lavadas y propinas será tuyo, ningún porcentaje tienes que dar. Si estas de floja, ganarás poco y si trabajas ganarás mejor que un licenciado. Ahora, ven conmigo, te mostraré el lugar.
           
            En la pista.
―A este lugar le decimos “la pista”. Aquí se reciben y entregan los coches a los clientes. Por principio tú no harás eso todavía, pero aprenderás. En la pista se estacionan los autos que se van a lavado y las camionetas que cargan y descargan.
¿Qué llevan? Bueno como habrás notado antes de entrar aquí, hay un montón de tiendas de ropa, esas camionetas es lo que llevan, ropa, y eso es lo que vienen a comprar los clientes. El estacionamiento es público, no de las tiendas; aquí solo les damos una hora gratis si compran en las tiendas.
¿El boleto? Cada que un auto entra se le revisa que no traiga golpes. Si el cliente trae pertenencias de valor como dinero, computadoras, celulares etcétera, exiges que te la declare y le das el boleto en donde ya se ha registrado su hora de ingreso y las placas de su auto. También aquí es donde después de pagar en caja los clientes te dan el boleto ya sellado y tú vas por el auto que ellos te digan que es el suyo. Te tienen que dar las placas para poder identificar el automóvil y para evitar robos ¡imagina que nos roben un automóvil! Así, traes el auto y entregas el boleto a la caja. Es simple. Ven, te mostrare el lavadero.

En el lavadero.
―Si al momento de que entregas el boleto el cliente te pide que laves su auto o si tú lo pides y él acepta, traes el coche hasta aquí. El agua la tomas de esa llave y puedes hacer uso de las cubetas y demás accesorios que ya te enseñare a usar. Después, cuando terminas un auto lo llevas a los pisos de arriba o al sótano. Al sótano se accede por esa rampa plana que está a la izquierda, y a los pisos superiores por la rampa en caracol. Siéntate un momento, te presentaré al resto.
―El hombre gordo de la caja y de los boletos es Josué. Es un tipo muy bromista y quizás hasta te llegue a caer mal. El chisme es que dicen que roba de la caja, pero que Martín se lo permite, al fin Josué no es borracho y lo que gana va para su familia que es familia de Martín también pues son cuñados.
―El jefe de todos los que estamos en la pista es Pepe, ese hombre grande de cabello chino. Es un experto en todo lo que a autos se refiere. Su aspecto da miedo, pero no te preocupes, es un buen jefe y gran tipo. Ahora, su esposa que es celosísima lo ha corrido de la casa y él ahora vive en un hotel. Pero no está triste porque a sus hijos los sigue viendo. Es como si disfrutara de una segunda soltería.
―Ese chavo delgado y moreno es Oswaldo, lleva menos tiempo que yo aquí, pero es mucho mejor que yo en esto. Había manejado camiones antes, pero no es lo mismo que esto así que trabajó mucho para llegar al nivel que ha llegado ¿Qué nivel? Bueno, es capaz de lavar cuatro autos en una hora y puede subir una camioneta en reversa y a gran velocidad por la rampa de caracol... así que tú dirás. También sobra decir que es un buen tipo.
―Ese es Marco, un tipo noble que fue militar y policía, eso te sorprende porque no tiene el aspecto de ser alguien mamón ¿verdad? Ya está casado a pesar de que es más joven que yo. Cuando no esté yo a él le puedes pedir ayuda.
―El que más tiempo lleva aquí es Don Vitor. Cuando los Charger, Galaxy y demás lanchas circulaban todavía nuevas, don Vitor ya estaba aquí. Cuenta que antes del terremoto el estacionamiento estaba más lleno y con más movimiento. Dice que la cola para entrar llegaba a tres cuadras y es que antes, aquí enfrente, había un edificio de juzgados que se derrumbó y murieron muchos. Don Vitor es una desgracia ambulante en estos días pues está enfermo y lleva dos operaciones, es divorciado y su única hija murió en un trágico accidente. Ya sabes alcohol y ruedas. Lleva por eso un mes sin decir una palabra. Bueno, ahora conocerás a los clientes más distinguidos, no te asustes no son personas ricas, solo son sus autos.


En el Sótano
―Este es el sótano. En este lugar cuando hace frío afuera aquí hace calor, cuando afuera hace calor aquí esta frío. Se oscurece totalmente cuando se apagan las luces y es el lugar de los pensionados. Este BMW es del señor dueño de la plaza comercial de enfrente. Este Bently es del dueño de la cadena de vestidos de noche más grande del país. Esta Durango modificada es del dueño de la tienda de Clío, y así todos estos autos son de los dueños de las tiendas que ya iras conociendo; pero este... este es el auto del señor Tony.
El señor Tony es uno de los más ricos de la ciudad, él es el dueño de todo este edificio y de varios comercios. Hace un año no traía este auto sino un Mercedes. No es que cada año cambie de coche pues todavía tiene el Mercedes, ocasionalmente lo llega a traer y así igual con sus autos de años pasados, lo que pasa es que acumula autos. El señor Tony siempre anda de traje, es muy elegante y parece un capo de la mafia de las películas. Este Jaguar será, aunque no lo creas, el auto en donde aprenderás a conducir, y es que te dará tanto miedo darle un solo rayón, pues con esa mínima avería tendrías que trabajar cinco años para pagar la reparación. Así serás muy cuidadosa. No te preocupes, si no le pasa a nada al auto el señor Tony no se dará cuenta de nada. Este auto lo lavarás todos los días a primera hora, no importa que no esté sucio, lo lavaras porque si no el Señor Tony se molestará y bueno, no te quiero ni decir qué es lo que te pasaría. Ahora bien el auto del señor Tony es sin lugar a dudas el más innovador, impresionante y caro del estacionamiento, pero no es el más bello. Ven te mostrare mi único sueño material.
―Este auto es del hijo del señor Tony, un joven horrible y amargado. No puedo creer que alguien como él tenga tan buen gusto. ¿Qué es? Lula, sí que estas perdida, es un Dodge Charger 1969, V8, es decir potencia al extremo... mira su pintura brillante en rojo y sus acabados cromados, es una obra de arte y también lo lavarás y si le pasa algo a este auto no será el hijo del señor Tony quien te mate, seré yo, ¿entiendes? Bueno, este es el último, es el auto más enigmático. Es un sencillo Audi A4, pero en eso no radica su misterio, sino en que es de la gente de confianza del señor Tony, a veces lo lleva su contador, a veces uno de sus hijos, nunca el Señor Tony; pero este auto nunca se da a lavar, no tenemos autorización de abrirlo, ni de estacionarlo, siempre quien lo maneja lo estaciona por sí mismo, lo cierra con la alarma y regresa después de cuarenta minutos a una hora con dos a tres hombres para sacar el maletín negro que nadie sabe qué contiene. Vuelven a cerrar el auto y se llevan las llaves. Todas las llaves de todos los autos se quedan en el estacionamiento, las ponemos sobre el toldo o sobre el parabrisas, todas excepto las de este auto. ¿El maletín? Bueno, dicen que es dinero, ¡mucho dinero! ¿Por qué no está en el banco? Bueno, la respuesta es que es sucio... ¿recuerdas lo que te dije del señor Tony? Después de todo es una leyenda, pero a este auto no te acercarás, no lo tocarás y ni siquiera lo debes mirar. Ahora vamos a tomar sol, es hora del desayuno.

Al salir del estacionamiento a la calle
―No las mires con envidia Lula. Primero, esos vestidos no son de ellas. Segundo, andan todo el maldito día en esos tacones y tú sabrás lo incomodo que es ¿no? Bueno eso hace mal a la espalda, son modelos frustradas, todas ellas, no dieron la talla.
¿Trabajaste como edecán en la cámara de diputados un tiempo? Lula, tú siempre me sorprendes, pero es cierto y no me disculpo, mira cuando se les acabe su atractivo, que no será hasta los cuarenta sino antes, tendrán suerte si cazaron a algún marido posesivo y celosos que las golpee y si no, bueno, siempre habrá una esquina o una casa rica en donde hacer la limpieza, porque Lula, no estudiaron, son mujeres, no les gusta trabajar y no estudiaron, eso es su maldición. La mayoría no tienen más edad que tú y ya tienen hijos. Así que no desees su lugar ahora, porque tú ganaras más, terminarás el día con el cansancio en tu cuerpo, lo cual es una satisfacción, mantendrás la figura porque harás mucho ejercicio, créeme, y Lula... Tú eres más bonita e inteligente que cualquiera de ellas.

En la oficina de Martín tres meses después.
―¿Quieres hablar de Lula, Martín? Ha hecho bien las cosas, tú lo has visto. No le tiene miedo al trabajo. Está siempre en disposición de ayudar y ya puede traer autos y estacionarlos por si sola. A todos los muchachos les cae muy bien. Sus clientes pensionados te podrán decir que es amable y tú lo sabes, tiene mucha facilidad de trato. Sé que en la escuela va bien, amigo.
―No, no es mi novia, es mi amiga. No, no tiene novio, no es casada ni tiene hijos, ¿todo esto a qué...?
―¡De ninguna manera! ¡Imposible! ¿Estás seguro? ¿Tú aceptaste? ¡No puede ser! ¿¡En que estás pensando!? ¡No lo va hacer entiendes! ¡Ni por todo el dinero del mundo! Bueno, ese tipo puede meterse todo su dinero por donde le quepa, pero no tendrá a Lula. ¡No puede! No importa que haya tenido a cualquier mujer. No porque cualquiera de esas edecanes crea que con Lula será igual. No señor.
―Bueno, entonces despídeme. Ni modo. Es preferible y aquí dejamos de ser amigos. Por supuesto que se los diré a todos para que sepan para quien trabajan. ¡Pues chinga a la tuya también...! ¡No le tengo miedo ni a ti ni al señor Tony!

En el sótano, después de haberles contado a todos que el señor Tony quiere comprar a Lula.
―Lula, deja de lavar ese Jaguar. Tengo que hablar contigo. Escucha, nos vamos, ya no trabajaremos más aquí... si ya sé que te gusta, pero ya no más, ¿entiendes? ¡No me pidas ahora que te dé explicaciones…! discúlpame, perdón. Mira, Lula, tú has sido muy buena conmigo y yo solo quiero regresarte algo de lo que me has dado en todo este tiempo. ¿Qué es? Lula antes de que tú estuvieras aquí esto era mi trabajo, solo eso, me costaba trabajo levantarme en las mañanas para venir hasta aquí, consideraba esto mi tediosa rutina, sé que no lo parecía, pero no tenía porqué decirlo ni mostrarlo a nadie. Pero desde que tú estás aquí, ¡dios! Es como si todo fuese un juego siempre, un hermoso juego. Salgo temprano de mi casa siempre para llegar aquí antes que todos y me voy hasta el último porque quiero pasar más tiempo aquí para... pues para estar contigo. Tengo el mejor empleo del mundo, Lula, gracias a ti. Deja esa franela, mira no te ayude para tenerte aquí todos los días. No señor, no quiero que pienses eso, realmente lo hice con la intención de ayudarte, pero no de manera mediocre prestándote el dinero nada más... Y es que yo, yo, tú sabes...
―¿Por qué hiciste eso? No tenías... No claro que me gusto, fue el gozo en mi boca. Si tú lo quieres yo también... Pero acabas de lavar este auto...

En el interior del Jaguar
―Te amo, Lula.

En las afueras del estacionamiento
―No tienen por qué hacer eso. No, escuchen, me despidió a mí, no a ustedes. ¿Quién está adentro? ¡Solo el viejo Don Vitor! Y Josué en la caja ¡Qué gran ayuda! No quiso venir porque es sensato. Marco ¿tú que le vas a decir a tu esposa? ¿Y tú, Pepe qué harás para mantener a tus hijos? ¿Y tú, Oswaldo? ¡Nunca serás trailero otra vez! ¡Al cuerno con que Lula es su amiga! Vuelvan ahí a trabajar. Miren que la fila de coches ya es de tres cuadras... o acompáñenme y vamos por unas chelas.

En la "Escuelita" (cantina del centro de la ciudad)
―Nunca pensé que Martín fuese tan ojete con ustedes. Y no me contaban nada de eso porque sabían que yo era su amigo. Qué mal. Bueno, pero al que odio ahora es a ese bastardo del señor Tony. De él debemos de vengarnos no de Martín, él solo es su títere.


―Sus ideas son irrealizables, para vengarnos no vamos a usar armas y no vamos a matarlos, vamos a quitarles lo que más aprecian y aman en este mundo. Denme un día para planear todo bien y nos vemos mañana aquí mismo en “La Escuelita".

Al otro día en  “La Escuelita".
―Bien, escuchen, lo que haremos será como en una película. Primero tenemos que saber si es dinero lo que viaja siempre en el maletín del Audi A4, tenemos que saber cuánto es aproximadamente para ver si vale la pena. Eso tenemos que saberlo hoy mismo y eso te tocará a ti Marco. El maletín después de salir del Audi viaja por el estacionamiento, ahí no tendremos acceso, pero después recorre el pasillo de las tiendas antes de llegar al elevador y de ahí al pent-house del señor Tony. Es ese pasillo donde es más vulnerable y es ahí donde estarás tú, Marco, observando una vitrina de vestidos, listo para usar tu cuchillo, ese que parece machete. En un movimiento rápido cortarás el maletín y saldrás huyendo de ahí, Pepe te esperara en un taxi en la contra esquina del edificio y darán vueltas hasta que estén seguros que ya no los siguen. Por supuesto que no te dará tiempo siquiera de darte cuenta si es o no dinero, para eso estará Lula, quien ha pedido participar aun cuando no me gusta esa idea, pero bueno... estás loca Lula. También estarás en el pasillo y fingirás también ver los aparadores. Llevarás esta peluca. Desde ahora todos usaran lentes oscuros. Yo te esperaré con Oswaldo a dos cuadras de ahí en un taxi. Cuando el maletín sea lastimado tendrás que ver, solo eso, no ofrecerás tu ayuda ni nada, solo observarás y sales de ahí. Si algo sale mal o el maletín es custodiado por más de dos no intenten nada, solo salgan de ahí. Apresúrense, nos vemos aquí por la noche. Manos a la obra.



Por la noche en "la Escuelita"
―¡Nunca pensé que fuera tanto! ¡Y en dólares! ¡Algunas personas se llevaron algunos billetes y los detuvieron de inmediato como a ladrones! ¡Increíble! Dices que eran billetes de cien mil. Ahora, escuchen, hasta ahora no hemos logrado nada, mientras ustedes estaban huyendo Oswaldo y yo nos tomamos la molestia de vigilar el estacionamiento por fuera. Tiene nuevo personal y este es muy lento e inexperto, a excepción de Don Vítor, claro. Gracias a que el último día que trabaje ahí no entregue mis últimos boletos en la caja, guardé estos tres que podemos utilizar. Ya están checados de pagado y solo habrá que borrar las placas y poner las del Audi. Así es, nos vamos a llevar el Audi con el maletín dentro.
―Este es el plan: primero tendremos que conseguir las llaves, Lula tú te encargaras de eso, cuando el hijo del señor Tony o el contador caminen por el pasillo tú estarás disfrazada de prostituta y ofrecerás amablemente tus servicios a cualquiera de estos hombres con una caricia estratégica, si es el hijo del señor Tony siempre lleva las llaves en su bolsillo derecho del pantalón, si es el contador en la bolsa también derecha de su saco, esto es siempre así, confía en mí. Yo llegaré sin barba, completamente trajeado junto con Oswaldo que estará disfrazado de chofer. Lula, tú nos alcanzaras ahí en la pista y previamente habrás salido del edificio y habrás ido al baño de cualquier tienda para cambiarte con ropa elegante. Yo pediré el auto casi al mismo tiempo en que Pepe llega a la caja, sin doble identidad, para decirle a Josué que vas a aclarar las especificaciones de tu renuncia y de paso querías saludarlo. Mientras Pepe entretiene a Josué, que es una de las personas en la pista que nos reconocería, yo ya habré pedido el auto a uno de los muchachos nuevos que no saben todavía que ese auto no se toca. Sabemos que Don Vítor no estará ahí porque Marco, tú habrás llegado una hora antes que todos nosotros a bordo de tu destartalado Cámaro y justo antes de que nosotros lleguemos habrás pedido a Don Vítor que trajera tu auto al que previamente le arreglaremos una falla para que Don Vitor tarde en traerlo. ¿Qué harás en esa hora? Lo que quieras menos estar ahí. Cuando traigan el Audi lo conducirás tu Oswaldo, tan rápido y discreto como puedas hasta el taller de tu tío en donde le cambiaremos la pintura y las placas y si tiene localización satelital se la quitaremos. Después lo venderemos. Para esta tarde estarán ustedes nadando en dólares. ¿Están Listos? ¡Manos a la obra!

En la pista. Listos para pedir el Audi.
―Te ves fabulosa, Lula, y siempre puntual.
―Audi, azul claro, placas 543 GRB, por favor amigo y rápido. ¡Espera, valet parking! Cometí el error de quedarme con las llaves. Toma.
―¡Dios Lula! Perdóname, pero no puedo resistirlo...
―¡Hey, amigo, ven! Dodge Charger rojo, placas 310 GFT tráelo, mi esposa se irá con el chofer y yo sacaré a pasear al pequeño Charger.
―Sí, sé que es muy arriesgado, lo sé. Maldita sea lo sé, tienes razón, Lula. Escucha, esa es la alarma del Audi, afortunadamente suena igual que cualquiera y si el tipo es inteligente la desactivara en un minuto, pero no tenemos un minuto. ¡Oswaldo, tranquilízate, amigo!, te llevarás el Audi sin nosotros, yo me llevare el Charger con Lula.
―Gracias amigo, toma tu propina ¿Eh, qué? Ah sí, los boletos, toma, este el mío y este es el de mi esposa. Adiós.

En alguna avenida transitada de la ciudad. 100 % millonarios.
―¡Se los dije! ¡Se los dije! ¡Toma eso maldito, Tony! ¡Te jodí, te jodí, te jodí! ¡Sí, qué te jodí! Tengo un automóvil maravilloso y Lula, tú eres el amor de mi vida... ¡De mi puta y bastarda vida de rico que me espera! ¡Uhhha!

A la salida de un taller en algún punto sucio de la ciudad con un Audi en verde pistache.
―¡Me jode! ¡Me jode! ¡Ah! ¿Cómo iba a saber que no traía dinero esta cosa? ¡Solo un maletín con facturas! ¡Maldición! Escuchen, guarden la calma. Marco, Oswaldo y Pepe, se dividirán lo que salga del Audi, será por lo menos eso. Yo y Lula nos quedamos con el Charger y todos contentos ¿no?

De viaje en un Charger Rojo por la ciudad esa misma tarde.
―Sé que no quedaron muy contentos, pero aun así les vi la cara de satisfacción cuando pensábamos que lo habíamos logrado. Les dimos los mejores minutos de sus vidas. Le robamos al señor Tony dos autos y Martín debe estarse retorciendo del coraje... o del miedo. Y de paso, tomamos lo nuestro. Y sin embargo esto no hubiese tendió el menor sentido de no haberlo realizado contigo.

En el juzgado 32 del reclusorio. Declaración del detenido.
―Lo que ocurrió después de que salimos del taller fue una mala treta del destino señoría. ¿Qué? ¿No debo decirle señoría? Disculpe pensé que era usted un juez, es que veo muchas películas. Lo que pasó fue que íbamos a velocidad moderada, no éramos estúpidos como para correr con un auto robado al que no le habíamos cambiado la placa ni el color. Por eso nos extrañó que la patrulla pidiera que nos detuviéramos. Yo le dije a Lula que yo hablaría y todo saldría bien, en ese instante mil cosas pasaron por mi mente y me dije a mi mismo: tienes que recordar el número de matrícula del auto para impresionar al oficial y así crea que el auto es tuyo. Fue entonces cuando me di cuenta del graso error que había cometido, el número de matrícula del Charger rojo era 310, terminación en cero, era viernes y no tenía por qué estar circulando ese día. ¿Sabe? Nunca entendí ese sistema de cuidar el ambiente o la calidad del aire obligando a los autos de la ciudad a dejar de circular un día a la semana de acuerdo el número de terminación de su placa, creo que no sirve para nada, pero bueno... Me quise morir.
El oficial fue cortés al principio, nos informó que, en efecto, el auto no podía circular ese día, pero entonces nos pidió la tarjeta de circulación. Supe que estaba en la guantera y Lula también lo sabía. Ambos sabíamos lo que allí había también: el arma del hijo del señor Tony, una Mágnum de un calibre mayor que el agujero de ozono. Con la cabeza hice un gesto a Lula para que con cuidado abriera la guantera, pero esta se abrió de tajo y el arma quedó al descubierto; por si fuera poco la tarjeta de circulación no estaba a la vista y Lula tuvo que buscar. En ese tiempo el oficial se puso nervioso y nos pidió que saliéramos inmediatamente del auto al tiempo que preguntaba si teníamos permiso para portar armas. Su compañero, que hasta ese momento había permanecido dentro de la patrulla salió de esta y comenzó a desenfundar su arma, yo veía esto y cuando volví de nuevo la vista hacia Lula, ella apuntaba con el arma al oficial que tenía yo a mi costado y que ahora corría a parapetarse. Mi reacción fue inmediata, encendí el motor y arranqué lo antes posible a toda velocidad.
No pasaron ni dos minutos cuando escuché las sirenas detrás de nosotros. Yo iba a más de 160 en una avenida de apenas dos carriles. En medio de esa situación peligrosa, de vida o muerte, fuimos libres, fuimos felices totalmente. Nada podía detenemos. Fue mi momento de ser héroe, pero entonces, pasó. Ni siquiera lo vi salir hasta que estuvo a menos de veinte metros de nosotros: un niño en bicicleta. Giré cuanto puede el maldito volante, pero sé que le golpeamos. Después no sé contra que extrañas cosas colisionamos, supongo que otros autos, eso lo sabe usted mejor que yo, señor.
El auto quedó de cabeza. Me sentí mal por el auto, nadie lo había cuidado más que yo, irónicamente a mí me tocó destruirlo. Para ese momento todo era todavía soportable, aunque el chico de la bicicleta estuviese muerto, sabía que podía afrontarlo todo si Lula estaba conmigo. Fue cuando miré hacia donde ella había estado, en el asiento del copiloto, pero no la vi. Ustedes ya me han dicho que el auto dio tres vueltas de campana y que Lula, al no llevar el cinturón puesto, salió por el parabrisas disparada. Yo no pude disfrutar la última vez que la vi viva y ni siquiera puede verla muerta.
―Si señoría... perdón, lo llame otra vez así, pero en fin, eso fue lo que pasó. No sé nada de los otros sujetos que usted me menciona. Lula y yo lo hicimos todo solos y... ¿Cómo dos personas se roban dos autos abordando solo uno de estos? Bueno, es que comprenda, éramos yo y Lula, y podíamos hacer lo imposible.

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